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El cerebro humano no fue diseñado para vivir como vivimos

Si te sientes cansada(o) todo el tiempo, con la mente acelerada, sin energía, sin claridad o con la sensación de que estás sobreviviendo en lugar de vivir, quiero que sepas algo:

No necesariamente hay algo malo contigo.

Quizás estás intentando funcionar en un sistema que constantemente te exige más de lo que tu mente, tu cuerpo y tu corazón fueron diseñados para sostener.

Vivimos en una cultura que nos enseña a producir más, trabajar más, responder más rápido y estar disponibles las 24 horas del día.

Nos despertamos mirando el celular.

Trabajamos frente a pantallas.

Comemos con prisa.

Nos acostamos revisando mensajes.

Y entre una cosa y otra, vamos dejando para después lo más importante: escucharnos.

Lo curioso es que muchas personas creen que sentirse agotadas, ansiosas o desconectadas es normal.

Pero no lo es.

Es común.

Y esas dos cosas no son lo mismo.


Estamos rodeados de ruido


Nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido acceso a tanta información.

Y nunca habíamos estado tan confundides.

Cada día recibimos noticias, mensajes, correos electrónicos, anuncios, videos, opiniones y preocupaciones que nuestro cerebro intenta procesar al mismo tiempo.

Es como tener cincuenta personas hablándote a la vez mientras intentas recordar dónde dejaste las llaves.

Llega un momento en que simplemente nos saturamos.

Y cuando estamos saturades, comenzamos a perder algo muy valioso:

La claridad.

Nos cuesta tomar decisiones.

Nos sentimos atrapades.

Dudamos de todo.

Incluso de nosotres mismes.


Nuestro cuerpo recuerda algo que hemos olvidado


Durante la mayor parte de nuestra historia como especie vivimos en contacto con la naturaleza.

Despertábamos con la luz del sol.

Caminábamos diariamente.

Conocíamos los ciclos de las estaciones.

Pasábamos tiempo en comunidad.

Teníamos espacios de silencio.

Nuestro cuerpo aprendió a vivir así.

Por eso muchas personas sienten alivio cuando llegan a una playa, un bosque, una montaña o un río.

No es casualidad.

Es familiar.

La naturaleza le recuerda al cuerpo algo que la vida moderna le hizo olvidar.

Cómo bajar la velocidad.

Cómo respirar.

Cómo descansar.


La ciencia lo está confirmando


Numerosos estudios han encontrado que pasar tiempo en espacios naturales puede ayudar a disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo, reducir la fatiga mental y favorecer una sensación de bienestar general.

Las personas que pasan tiempo en la naturaleza suelen reportar sentirse más tranquilas, más presentes y con mayor claridad para tomar decisiones importantes.

Y tiene sentido.

Cuando dejamos de bombardear nuestra mente con estímulos constantes, finalmente podemos escuchar lo que realmente está pasando dentro de nosotres.


A veces no necesitamos más respuestas


Necesitamos más espacio.

Muchas personas llegan a consulta buscando una solución inmediata.

Un suplemento.

Una técnica.

Una estrategia.

Y sí, muchas veces esas herramientas ayudan.

Pero también existe una realidad que solemos ignorar:

Es difícil encontrar respuestas cuando estamos agotades.

Es difícil escuchar nuestra intuición cuando vivimos distraídes.

Es difícil saber hacia dónde queremos ir cuando nunca nos detenemos.

Por eso el silencio puede ser tan transformador.

Porque en el silencio aparecen preguntas que habíamos evitado.

Y también aparecen respuestas que llevaban mucho tiempo esperando.


¿Por qué los retiros generan tanto impacto?


Porque nos permiten salir, aunque sea por unos días, de la dinámica que nos está drenando.

Nos alejamos del ruido.

De las responsabilidades.

De las notificaciones.

De las expectativas.

Y comenzamos a recordar quiénes somos cuando nadie nos está exigiendo nada.

Muchas personas regresan de un retiro con una sensación que les cuesta explicar.

No necesariamente porque hayan aprendido algo nuevo.

Sino porque volvieron a encontrarse consigo mismes.

Y eso cambia muchas cosas.


Referencias científicas


Bratman GN et al. Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. Proceedings of the National Academy of Sciences. 2015.

Berman MG et al. The cognitive benefits of interacting with nature. Psychological Science. 2008.

Twohig-Bennett C, Jones A. The health benefits of the great outdoors. Environmental Research. 2018.

World Health Organization. Urban green spaces and health. 2016.

 
 
 

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